Darwinismo empresarial

En un diálogo con un empresario de una multinacional me compartía su reflexión en torno a la cultura de dicha organización, que enfatizaba en la supervivencia del más fuerte poniendo a todos sus miembros a competir unos contra otros de tal forma que los que hagan mejor su trabajo permanezcan  y los demás desaparezcan.

Esta premisa de entender la realidad donde los más fuertes son los más capaces, y por ende los que deben destruir a los ineficaces, tiene ciertas similitudes con la postura del científico Charles Darwin,  que sostenía que todas las especies han evolucionado en un proceso de selección natural en el cual sobrevivían los más aptos y los otros estaban condenados a la extinción.

Cierto estilo de gerencia   que lejos de exhortar a una sana competitividad  pone a unos contra otros, creyendo que así sacará lo mejor de cada trabajador, genera un desgaste innecesario que busca imponerse o defenderse del otro,  y llegar así a la cima, cueste lo que cueste. Esta postura conflictual, donde se lucha contra el otro a quien se ve como enemigo, debe ser sustituida por una dinámica de reconciliación en el interior de la organización que deje a un lado los vicios del individualismo, egoísmo  y utilitarismo.

Algunas luces interesantes sobre nuevos principios que guíen la dinámica empresarial se encuentran en la última encíclica social llamada Caritas in veritate (Caridad en verdad), en la que  se expone que se deben impulsar organizaciones que quieran ir más allá de la lógica del intercambio de cosas equivalentes y del lucro como fin en sí mismo enfatizando el principio de la gratuidad, justicia y solidaridad, siendo cada vez más consciente de la responsabilidad por contribuir activamente en el bien común en el que todos se sientan responsables de todos.

La sociedad globalizada exige de las empresas un compromiso con todos los grupos de interés sean estos trabajadores, clientes o miembros de las comunidades que son impactadas tanto local como internacionalmente.  Las empresas con esta visión magnánima y comprometida con la realidad de su entorno  destacarán, mientras que las descritas anteriormente se autodestruirán pues están  focalizadas en sí mismas.

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