El torbellino de la vida

El ritmo de vida ha adquirido una velocidad que en ocasiones supera nuestra capacidad de adaptación.   Ni bien hemos terminado una actividad, tenemos en mente diversos pendientes, asuntos a resolver, nuevos proyectos a analizar, generando así  la sensación de fatiga y de impotencia frente a los múltiples retos que ocurren simultáneamente.  El estar constantemente en movimiento y “sin tiempo que perder” lleva a la persona a una sensación de desasosiego.

El conocido psicólogo Víctor Frankl describía este fenómeno como la “enfermedad de los managers”, que llevados por su afán de trabajo y voluntad de poder se arrojan a una actividad intensa, cayendo en un sinsentido (“Ante el vacío existencial”).   Al poner toda la valoración personal en las metas, proyectos o eficacia con que se realizan, se genera una distorsión tal que se descuidan otros aspectos fundamentales de la realidad personal.   Si por alguna razón se genera algún tipo de fracaso en el trabajo, su estima y valoración se ven seriamente afectados.   Esto afecta también la manera cómo se relaciona con las personas.  Al  fijarse simplemente en la eficacia o productividad, descalifica a las personas como “incompetentes” si es que no cumplen con sus parámetros.

Es necesario tener una correcta aproximación a nuestra realidad entendiendo que nuestro valor no radica simplemente en nuestra capacidad de producir o hacer, sino en lo que realmente somos como personas, en nuestra interioridad, que le da sustento y valor a lo que hacemos, teniendo una mirada más profunda de nosotros y de los que nos rodean.  De esta forma nuestras acciones no estarán desligadas de lo que somos como personas ni de nuestras opciones fundamentales.

En el plano práctico, implica evitar la distorsión de  estar siempre pendiente de lo que falta por hacer o queriendo controlar todas las variables; enfrentar cada situación en el momento que se requiera con el máximo de atención posible evitando la dispersión y ponernos plazos realistas para la consecución de las metas o fines.  No dejemos que la vida nos arrastre por caminos que no hemos elegido; construyamos los senderos por los cuáles queremos encauzar nuestras vidas y las de nuestros seres queridos.

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