Empresa: comunidad de personas

Imaginemos que estamos aislados del contacto con las personas en un desierto o sitio abandonado.  La soledad y el no poder comunicarnos con otras personas generarían una gran ansiedad y frustración.  Paradójicamente, muchas personas aunque están rodeadas de otros viven como si estuviesen aislados en el desierto.  Esta realidad se da también en el mundo empresarial incluso con las personas con quienes interactuamos a diario.  En muchos casos los trabajadores son casi “extraños” entre sí a pesar de verse todos los días en el trabajo.  Conversaciones superficiales o rutinizadas van generando soledad y aislamiento entre los miembros de la organización.

Un escritor contemporáneo graficaba esta realidad como un desierto: “Es  la aridez de las relaciones humanas, la soledad, la indiferencia, el anonimato.  El desierto es el lugar en donde, si gritas, nadie te escucha; si yaces extenuado en la tierra, nadie se te acerca; si gozas con una gran alegría o tienes una gran pena, no tienes a nadie con quien compartirla.”

La naturaleza del ser humano está hecha para el encuentro profundo con las demás personas.  Sin embargo, resulta difícil para muchas personas vencer el aislamiento en el que se encuentran.  En algunas dinámicas de comunicación que realizamos en seminarios pudimos constatar por un lado la dificultad que tienen los integrantes de abrirse y expresar con libertad sus opiniones, y por otro lado, el inmenso anhelo de compartir y de comunión existente.  A la gran mayoría les llamaba la atención conocer nuevos aspectos de la persona con quienes se relacionaban directamente, pero con quienes nunca habían tenido diálogos que vayan más allá de temas funcionales relacionados con el trabajo.  El hablar de los anhelos, ideales, aspiraciones, miedos y necesidades era para ellos como explorar un mundo nuevo y que enriquecía la comprensión personal del trabajador: “Es la primera vez que converso de temas más profundos e importantes” nos decían sorprendidos algunos de los participantes.

El ser humano es un ser para el encuentro, y no puede realizarse plenamente sino en el encuentro profundo y en la donación sincera de sí a los demás.   Resulta un desafío y una prioridad la generación de una  cultura del “encuentro” en la empresa para ayudar a que la persona pueda realmente satisfacer el anhelo profundo de comunión que anida en el interior y que muchas veces es desatendido en el mundo empresarial.

Una verdadera cultura del “encuentro” permite, entre otras cosas, ir conociendo y sacando lo mejor de la personas y lograr la unidad al interior de la organización.  Unidad de ideales, unidad de pensamiento que a la vez respete las diferencias, unidad en el estilo y el sentido del por qué se hacen las cosas.  Esta dinámica positiva y enriquecedora permite a los trabajadores dar a conocer y desplegar diversos dones y talentos que muchas veces están escondidos o desconocidos por los demás.   El Papa Juan Pablo II en su escrito al comenzar el tercer milenio nos hacía la siguiente invitación: “Valorar al otro como regalo de Dios para mí; saber dar espacio a los demás, llevando sus cargas; rechazar las tentaciones egoístas que llevan a competir, las ganas de hacer carrera, las desconfianzas y envidias.”  Venciendo el egoísmo y el individualismo, que son como un cáncer al interior de la organización, se irán generando lazos profundos entre los miembros que hagan que la organización sea como una “comunidad de personas” que sintonizan  y luchan por ideales comunes.

 

Deja una respuesta

1 × 7 =

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.