Hacia un nuevo modelo organizativo

Existen muchas incoherencias entre lo que se pone como visión en la empresa y cómo se trata cotidianamente a los miembros de la organización o los criterios que intervienen a la hora de tomar decisiones, muchas de las cuales afectan la dignidad de la persona y van en contra de la cultura empresarial que se busca alcanzar.   Por ello, cabe hablar de la misión del empresario para lograr que las instituciones respondan al bien común teniendo en cuanta la necesidad de los trabajadores, clientes, proveedores así como la comunidad de referencia.

El Papa Benedicto XVI en su última encíclica “Caritas in veritate” (Caridad en verdad) expone con gran lucidez varios de estos temas: “Uno de los mayores riesgos es sin duda que la empresa responda casi exclusivamente a las expectativas de los inversores en detrimento de su dimensión social… El ser empresario, antes de tener un significado profesional, tiene un significado humano… Se entiende muchas veces el desarrollo simplemente desde la perspectiva económica olvidando que el desarrollo integral de la persona debe incluir todas las dimensiones de su vida.  “El desarrollo humano integral es ante todo vocación, y por lo tanto, comporta que se asuman libre y solidariamente responsabilidades por parte de todos” ” (c.f. CV 11, 41)

Como empresarios habría que identificar aquellos modelos organizaciones más afines con la justicia social y que tengan como punto de partida a la persona, centro y fin de toda la empresa.  Las estructuras de las organizaciones por sí solas no pueden generar el desarrollo si no está sustentado en el cambio de las personas que la conforman.

Para ello el empresario debe velar por erradicar todo aquello que afecte la dignidad y libertad del trabajador y pueda desarrollarse al máximo de sus potencialidades perfeccionándose a sí mismo.  Cada uno desde su posición y su realidad concreta debe examinarse cuántos de sus dones y talentos están siendo utilizados para enriquecer la cultura empresarial cultivando virtudes tales como la diligencia, la laboriosidad, la prudencia en asumir los riesgos razonables, la fiabilidad y la lealtad en las relaciones interpersonales, la resolución de ánimo en la ejecución de decisiones difíciles y dolorosas, pero necesarias para el trabajo común de la empresa y para hacer frente a los eventuales reveses de fortuna.  (c.f Centesimus Annus 32)   No basta conducir eficazmente una organización si no se producen cambios duraderos al interior de cada uno de las personas que la conforman.

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