Liderazgo en la acción

Somos personas de acción. Todo el tiempo estamos influyendo positiva o negativamente en nuestro entorno. Incluso las omisiones tienen algún tipo de efecto en la vida organizacional. Para que una acción sea recta y eficaz no basta que hagamos lo correcto –lo cual es siempre requisito mínimo indispensable–, sino que debe brotar de las motivaciones adecuadas y tener un discernimiento claro de lo que la situación requiere en cada momento.

Podríamos evaluar las acciones de los líderes de la organización con base en los siguientes criterios: 1) la materia (el contenido de lo que hacemos); 2) la forma (cómo lo hacemos); 3) intención (por qué lo hacemos); 4) la finalidad (para qué lo hacemos).

Los líderes autoritarios pueden saber exactamente lo que se debe hacer, pero su manera prepotente de proceder y maltratar a las personas obstaculiza la adhesión del personal a sus orientaciones.

Los líderes precipitados actúan a base de urgencias; quieren resolver todo “para ayer.” Sin la debida reflexión y discernimiento, sus acciones carecen de consistencia y no permanecen en el tiempo. Los líderes inflexibles son incapaces de ver la realidad fuera de sus propios parámetros.

Los líderes egocéntricos al estar tan preocupados de sus propios logros y provecho personal, carecen de rectitud de intención, lo cual merma la confianza de sus directrices.

Un líder integral es capaz de trascender sus propios intereses y buscar el bien común de la organización. Tiene una aproximación personalizante; es decir, valora ante todo la dignidad de la persona, se aproxima a cada trabajador según su forma de ser particular, entendiendo sus necesidades por lo que es capaz de motivarla adecuadamente. Un líder integral no actúa a base de presiones coyunturales, nunca pierde de vista el horizonte final al que debe guiar la organización, por lo que es capaz de discernir constantemente lo prioritario de lo accesorio.

Dicho tipo de liderazgo actúa siempre con base en los principios, lo cual permite ejercer la justicia y ser una persona confiable. Quien no es capaz de ser coherente con los valores en su propia vida, tampoco podrá liderar la de los demás.

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