Me creo mis logros y realizaciones

¿Quién soy yo?  Esta es una de las preguntas fundamentales de la persona. De la hondura y consistencia de la respuesta a esta pregunta dependerá la realización personal y el cumplimiento de su misión.

Existen ciertas reducciones en torno a la comprensión de nuestra propia identidad. En el mundo empresarial existe el riesgo de poner toda la valoración personal en el cumplimiento de metas y proyectos,  o en la eficacia de los mismos.   Es tal el peso que la persona le da a sus logros y realizaciones, que si fracasa o falla en algún proyecto o trabajo,  toda su valoración personal se ve afectada,  como si su valor dependiese exclusivamente de su capacidad de lograr resultados.

Algunas manifestaciones que ayudan a identificar este tipo de distorsión podrían sintetizarse en las siguientes preguntas: ¿Te crees indispensable en lo que realizas?; ¿Temes demasiado a la experiencia del fracaso? ¿Crees que el valor de tu vida depende del éxito que consigas? ¿Tu valor como persona depende de los cargos que desempeñas?

La forma cómo nos entendemos a nosotros mismos, influye en la manera de relacionarnos con los demás y de desplegarnos en nuestro entorno.  Si el líder de una organización valora simplemente la eficacia o productividad,  podría descalificar a las personas como “incompetentes” si no cumplen con sus parámetros y reducir la relación con sus trabajadores solamente en función de metas cumplidas, sin tomar en cuenta otros factores relevantes que podrían llevar a la persona a desempeñarse erradamente.  La preocupación por la persona debe preceder la obtención de los resultados.

Es necesario tener una correcta aproximación a nuestra realidad entendiendo que nuestro valor no radica simplemente en nuestra capacidad de producir o hacer, sino en lo realmente somos como personas. Nuestras acciones deben brotar de nuestra interioridad, de la dimensión espiritual, que le da sustento y valor a lo que hacemos.  Tengamos una mirada profunda y reverente ante el misterio de nuestra propia identidad y la de los demás,  y de esa forma podremos enmarcar nuestro accionar dentro de una recta jerarquía y en la orientación correcta, siendo coherentes con nuestras opciones fundamentales.

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