Mentiras verdaderas

El título del artículo, aunque pareciese describir realidades contradictorias, explica el proceso en el cual la persona se va engañando poco a poco hasta creer que sus propias mentiras son verdaderas.  La lista de mentiras en las que las personas buscan tranquilizar la conciencia es muy larga. Una persona que roba, por ejemplo, llega a creer que dicho acto es justificable pues en la empresa le pagan poco o trabaja mucho.  Es su manera de “hacer justicia”.    Se empieza a justificar la infidelidad diciendo que yo también tengo “derecho” a ser feliz o la coima porque “todo el mundo lo hace”.    Lo peligroso de dicho proceso es que lo que empezó como un justificativo se va volviendo un hábito de mentira en el cual la persona puede no ser muy consciente de su dinamismo.

Para profundizar en dicho dinamismo es importante acudir al término griego “skotosis” que significa mentira existencial y que expresa la realidad en la cual la vida misma se convierte en una fantasía.  El sujeto se mira y entiende  sus relaciones desde una perspectiva falsa, juzgando la realidad desde una visión subjetivista, es decir desde parámetros que se alejan de la realidad.

Una de las manifestaciones de la “skotosis” es creer que el problema o la culpa siempre la tienen los demás.  Al final de un seminario de  desarrollo humano se acercó  uno de los trabajadores más conflictivos y nos dijo: “! Qué interesante este tema!  ¡Cuánto quisiera que estuvieran ciertas personas que lo necesitarían más que nadie!”.  La persona más conflictiva del grupo era incapaz de reconocerse necesitado del cambio, y trasladaba el problema a los demás.

En la raíz de la “skotosis” se encuentra la soberbia, que lleva a la persona a prescindir de Dios y de los demás.  En estos casos la persona se vuelve la medida de la realidad y cae en actitudes de suficiencia.   En muchos casos el éxito y el poder llegan a obnubilar a la persona generando una actitud de cerrazón hacia los demás: “ ¡ Qué me van a decir a mí lo que tengo que hacer si yo he logrado todo esto por mi esfuerzo!”

El ser humano es un buscador de la verdad.  A nadie le gusta que lo engañen.  Sin embargo, muchas veces somos nosotros los que vamos progresivamente engañándonos para adaptar la realidad a nuestros caprichos y gustos.  Buscando construir la vida sobre el poder, tener o placer, la persona va cayendo en un pozo cada vez más profundo del cual no es capaz de salir.

La apertura a la verdad requiere valentía de nuestra parte, especialmente cuando reconocerla puede ser doloroso al constatar nuestras limitaciones o el daño que hemos realizado.  El vivir de espaldas a uno mismo y echándole la culpa de todo lo que ocurre a los demás impide un proceso real de reconciliación y desarrollo personal.  Cuando uno no vive según lo que cree, termina creyendo según lo que vive.   Para empezar un proceso de libertad, se debe tener la valentía de plantearse algunas interrogantes:  ¿Qué mentiras nos tienen esclavizados?  ¿En qué circunstancias suelo caer en dichas mentiras? ¿Cuáles son los criterios que alimentan dichas mentiras?

Aunque muchas veces sea difícil, la verdad es la que nos abre un horizonte de autenticidad.  Es la verdad la que nos conduce y otorga la libertad.  Desde la perspectiva cristiana, el Señor Jesús menciona que “la verdad os hará libres” (Jn 8, 32).   En la medida que contrastamos e iluminamos nuestra vida con la de Él podremos avanzar en un proceso de conocimiento más profundo a la luz de Dios; tendremos  una medida objetiva y no  parámetros subjetivos y caprichosos.  El verdadero cambio se da en el interior de la persona.  Construyamos día a día la  auténtica libertad viviendo conforme a nuestra verdadera identidad.

 

 

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