Motivaciones profundas

En medio de tantos desafíos que el mundo laboral plantea la motivación es un elemento fundamental pues es como el “combustible”   que mantiene la llama encendida de nuestra acción hasta alcanzar la meta propuesta.  Sin embargo,  en varios momentos esa llama parece debilitarse o a veces desaparecer.  Lo que antes parecía motivar a la persona  ha perdido su “encanto”.

Muchos cursos o propuestas motivacionales que se proponen actualmente apelan al sentimiento generando un bienestar momentáneo que se va diluyendo en el tiempo.  Una verdadera propuesta motivacional debe estar basada en convicciones y no en simples emociones.  ¿Qué pensarías de un doctor que un día no fuese a la clínica porque no tenía ganas?  ¿Pondrías tu vida en manos de ese tipo de profesional?

Las  “motivaciones profundas” son aquellas que se encuentran arraigadas en las necesidades auténticas del ser humano como, por ejemplo, la necesidad de ser  valorados dentro de la empresa.  Ciertas políticas restrictivas que enfatizan el castigo o la amenaza lejos de aumentar la eficacia resultan motivo de frustración y dan la sensación de injusticia al interior de la organización.  Promesas incumplidas,  disputas internas, indecisiones o falta de claridad en el futuro de la empresa son algunas de las causas principales de desmotivación al interior de la  organización.

Es más fácil destruir que construir.  El arte de motivar es el arte de construir sobre las potencialidades presentes en el ser humano.  Un buen líder llega a entender las motivaciones profundas presentes en el personal y a desarrollarlas al máximo de sus capacidades y posibilidades.

Otra de las necesidades profundas en el ser humano es la de darle un sentido al trabajo. Esto se debe a la necesidad presente en el ser humano de dejar una “huella” en su entorno.   Es por ello que los trabajadores necesitan saber de qué manera la labor que realizan, por más sencilla que parezca, es significativa para la empresa.  Para satisfacer esta necesidad se debe incentivar al trabajador a aportar con ideas y ser partícipe activo de la empresa.

Hace algunos años trabajaba en una empresa multinacional muy exitosa en el mercado cuyo horizonte se limitaba a la generación de utilidades.  Me acerqué a la gerencia y le sugerí impulsar un programa de responsabilidad social en el cual los trabajadores sean partícipes de un cambio en la sociedad.  El impacto que generó dicha iniciativa  fue de gran provecho tanto por el alcance del proyecto realizado como por la identificación de las personas con un ideal más significativo que no se reduzca sólo a lo económico.

Mientras más grande y valiosa es la meta a conquistar, más fuerte será la motivación y más eficaz será la acción.  Mientras más grande sea el ideal de la empresa mayor será el compromiso y esfuerzo de sus integrantes.    Las personas no sólo necesitan trabajar en empresas exitosas, sino en instituciones que sean significativas y trascendentes para la sociedad.

Cabe preguntarnos ¿Cuáles son esas  motivaciones reales y profundas que guían nuestra vida? Alimentemos día a día esa llama  para que se mantenga encendida en medio de las adversidades y dificultades.   Escojamos un ideal de vida que realmente valga la pena y deje una huella en la vida de los que nos rodean.  ¡Esa es la mejor motivación!

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