Rectitud de intención

Es común centrar la atención en los procesos  o consecuencias de las decisiones empresariales, pero muy pocas veces se evalúa lo que las motivan.  Uno de los asuntos claves a tomar en cuenta es la rectitud de intención; es decir, querer hacer las cosas movidos por el genuino y auténtico interés de ayudar a las personas. No basta buscar simplemente  la mejora de la eficiencia, sino también fomentar que las acciones estén  basadas en principios y rectas motivaciones.

La evaluación de la  obtención de resultados no debe nunca prescindir de la  forma en la que se logran dichas metas para evitar reduccionismos en donde se busquen simplemente conseguir objetivos verificables.  Por ejemplo, en ocasiones se pide a vendedores lograr ciertas cifras, sacrificando aspectos esenciales de las relaciones humanas y atención al cliente o generando una lucha innecesaria entre diversos departamentos.  En otras ocasiones, las decisiones están motivadas por buscar reconocimientos o aprobaciones de terceras personas, y no de lo que realmente necesita la organización.

Dado que es fácil caer en el error de hacer las cosas por motivos errados, vale la pena hacer un examen de conciencia cotidiano para  evaluar qué  ha guiado nuestro accionar y estar alertas en detectar  aquello que brota de las mentiras o egoísmos y que pueden estar subyacentes en nuestro accionar

 Así como un recipiente preserva su contenido de mantenerse limpio, así mismo la rectitud de intención es la que preserva el sentido autentico de nuestras acciones.  Lo que determina el valor de nuestro obrar  no es simplemente la aparente grandeza de las tareas realizadas, sino el amor que las inspira.

Se trata pues de ir purificando cada vez nuestro interior para que nuestras acciones broten de un corazón cada vez más puro, logrando así credibilidad y adhesión de parte de los miembros de la organización, quienes podrán confiar en  que nuestra  actitud es  transparente, honesta y justa en las distintas decisiones que tomemos y consejos que brindemos a nuestro equipo de trabajo.  La veracidad y rectitud de intención en nuestras labores, sean éstas grandes o pequeñas,  genera lazos de confiabilidad y da frutos permanentes.

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