¿Tiene sentido mi trabajo?

En relación al artículo que escribí sobre motivaciones profundas – que por cierto tuvo un error involuntario en el encabezado con una frase que no era mía –una de las lectoras envió un comentario que vale la pena citar: “A veces caigo en la rutina y esto hace que pierda la noción del porqué tengo que despertarme cada mañana y venir a una oficina.”    Este valioso comentario expresa la falta de sentido que muchas personas experimentan en su trabajo.  La rutina adormece nuestros anhelos más profundos llevándonos a perder el sentido de las cosas.

Un psicólogo famoso, Victor Frankl,  afirma que el sentido de la propia existencia es  la fuerza última que motiva toda la vida humana.   En su estadía en un campo de concentración nazi pudo determinar que las personas que tenían un sentido en sus vidas, un proyecto por realizar o personas que atender eran las que sobrevivieron los múltiples abusos y limitaciones que se vivían en aquel sitio.

Dichas conclusiones tienen aplicaciones muy importantes en el ámbito personal y laboral.  En un estudio que realizamos en 1,000 trabajadores, el 63% siente “poco entusiasmo” en el trabajo lo cual expresa el alto grado de insatisfacción laboral.

Es fundamental tener un sentido claro en la vida  para poder trascender los obstáculos diarios.  Dificultades económicas, presiones cotidianas, y tantas otras  dificultades que se dan en el trabajo   pueden ser sobrellevadas cuando se tiene un norte claro y trascendente de por qué se hacen las cosas.

Es necesario darle el sentido a las pequeñas cosas que realizamos haciendo de lo ordinario algo extraordinario.  Gestos sencillos pueden hacer la gran diferencia en el ámbito laboral. Un saludo cordial al inicio de la jornada, una palabra de aliento en medio de las dificultades, un sereno consejo en medio de las tensiones puede ayudar a vencer la indiferencia y la apatía existente en las relaciones interpersonales.

Para evitar caer en la rutina o el conformismo es prioritario identificar qué es lo que le da sentido a nuestra vida.   En algunos de los seminarios gerenciales que realizamos les preguntamos a los jefes qué quisieran que digan de ellos el momento de morir.  Algunas de las respuestas más comunes fueron: “Vivió para servir”;  “Fue un gran padre de familia”;  “Hizo lo que predicó”; “Hizo todo lo que pudo”.   Estas frases expresan el sentido que dichas personas querían darle a sus vidas.  Posteriormente se reflexionaba cuánto estamos haciendo en la actualidad para alcanzar dichos ideales.

A través de una estrategia integral tanto en el plano personal, familiar, laboral y social se irá caminando en la dirección correcta mediante acciones eficaces.    Cuando descuidamos alguno de estos ámbitos se pierde el sentido del por qué, para qué y por quién se hacen las cosas.  Muchas tareas pueden estar pendientes por realizar, pero no debemos esperar a que sea muy tarde para empezar.  El reto es vivir desde este instante lo que queremos alcanzar entregándonos  a dicho ideal según el máximo de nuestras capacidades y posibilidades.  Cada día debe ser vivido como si fuese el último.

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